La Cava

Cultivar la vid implica entablar una relación armoniosa con la naturaleza, ya que las uvas emergen de forma arrítmica con el entorno, teniendo una línea delicada y susceptible a los cambios climáticos.  Así es que existen una gran variedad de vinos que almacenamos para conservar sus cualidades y que requieren de un espacio óptimo para que su cuerpo y textura aumenten en pleno reposo.

La cava es el espacio ideal para este propósito. Inmersa en su propia placidez y sosiego, embalsamada en temperaturas que se embarcan en un viaje de madurez.

En una bodega climatizada de vinos, factores importantes como la temperatura y la humedad son mantenidos por un sistema de control climático, mientras que las bodegas pasivas o naturales no son de clima controlado y, por lo general, se construyen bajo tierra para reducir las oscilaciones de temperatura.